[publicado originalmente en es.charla.religion]
En esta serie (espero que 4 mensajes) intentaré analizar con el permiso de los contertulios tres casos en que la historia se ha convertido en mito. Decía hace unos meses (y perdón por autocitarme) que "La cultura popular es muy reacia a la historia, en su lugar funciona creando y asimilando arquetipos. Se recuerdan 'categorías', no acontecimientos concretos. Se ha comprobado muchas veces que la memoria popular no retiene acontecimientos históricos más de dos o como mucho tres siglos. Los hechos recordados son modificados progresivamente hasta adquirir las características del mito. Así, se recuerda lo ejemplar, no lo individual".
Hay infinidad de casos documentados de este fenómeno, y aún aparecerán muchos más a medida que los investigadores avancen en su tarea. Cabe dudar de si las culturas sin escritura han retenido realmente algún hecho de su pasado, dado que cada vez que se ha estudiado un hecho tenido por histórico por estas culturas, siempre se ha comprobado su poca base real.
Cuando leemos la cosmogonía sumeria o la historia de la guerra de Roma contra Veyes, tendemos a considerar la primera una invención y la segunda como la narración de un hecho, como si los pueblos que las narraban dudaran de la primera y afirmaran la segunda. En realidad, tanto una como otra tienen las mismas posibilidades de ser mitos.
¿Por qué debemos dudar de ambas?
En primer lugar, hay que entender que para los pueblos míticos ambas narraciones se sitúan en el mismo plano, pues narran acontecimientos de un pasado remoto. Un pasado en que casi todo era posible. A ninguna se le da menor o mayor veracidad. El asesinato de Remo se contaba en las escuelas romanas como la verdadera historia de la fundación de Roma, no como un mito.
En segundo, aunque es cierto que la segunda narración (la guerra de Roma contra Veyes) tiene mayores probabilidades de estar fundada en un hecho real, la distancia temporal y la memoria global funciona crando arquetipos que deforman tanto lo sucedido que al final queda muy poco de histórico. Por contra, en la cosmogonía sumeria puede haber pervivido el rastro de un hecho real que finalmente adquirió las características del mito, como por ejemplo la gran inundación de 3000 a.C. narrada como el diluvio enviado por Enlil.
En tercer y último lugar, la memoria popular retiene con muchísima mayor facilidad una categoría que un hecho histórico. Los personajes se asimilan a héroes o villanos con unas características definidas; las situaciones se convierten en ejemplos paradigmáticos que pueden definirse siempre con una palabra: "destino", "fatalidad", "virtud" o "maldad". Es más, podría afirmarse que la memoria popular siente repugnancia por el devenir de la historia, como espero que se vea en los siguientes mensajes.
Primer caso.
Un poco antes de la segunda guerra mundial, en una región de Rumanía, se cantaba una balada que contaba la historia de un amor trágico: Un joven y hermoso prometido, en la víspera de su boda, salió a pasear por el bosque. En el paseo, se encuentra con un hada que se enamora al instante del joven y le pide matrimonio, pero éste se niega. El hada, cegada por los celos, le somete a un encantamiento y el joven cae por un barranco perdiendo la vida. Al día siguiente encuentran el cadáver y lo llevan al pueblo. Al verlo la novia, entona un canto fúnebre lleno de alusiones mitológicas.
Esta balada, junto con muchas otras variantes, fue recogida por el folclorista Constantin Brailoiu. Cuando quiso averiguar cuándo sucedió realmente, todos contestaron que había sucedido "hace mucho, mucho tiempo", que se trataba de una historia muy antigua transmitida durante generaciones de abuelos a nietos. Sin embargo, Brailoiu continuó la investigación hasta que al fin dio con los protagonistas de la historia.
El suceso real había sucedido tan sólo 40 años antes, y lo que era aún mejor, la novia protagonista aún vivía. Interrogada, relató lo que realmente había sucedido. La mujer contó que su novio, tiempo antes de la boda, había caído por descuido por un terraplén quedando malherido, y había sido recogido por unos montañeses que oyeron sus gritos. Fue trasladado al pueblo donde tardó días en morir. En el entierro, como era tradicional, tanto la novia como las demás plañideras habían repetido los cantos fúnebres acostumbrados.
Casi todos los habitantes del pueblo habían vivido los sucesos reales que generaron la historia del hada. Sin embargo, un hecho así no les satisfacía. En sólo 40 años habían transformado un suceso casi irrelevante (la muerte de un prometido por accidente) en una categoría mítica (un novio hechizado por un hada que muere trágicamente la víspera de su boda). No sólo se había creado una balada, sino que la muerte tenía un motivo mítico: los celos de un hada enamorada, el destino trágico.
El epílogo de esta historia es sorprendente y revelador. Brailoiu les contó a los del pueblo la verdadera historia contada por la novia, Los habitantes le contestaron que la pobre vieja, sumida en su dolor, había olvidado lo que realmente sucedió y había perdido el juicio. El mito se había convertido en la realidad puesto que satisfacía más a los que lo recordaban.
Segundo caso.
Los libros de historia, incluso los actuales, cuentan que Marco Furio Camilo fue un cónsul, dictador y militar romano que vivió entre finales del siglo V y mediados del IV. Para quien no esté familiarizado con sus hazañas, hago un breve resumen.
La república romana tenía apenas 50 años cuando nació Camilo. El primer Tarquino acababa de ser expulsado y Porsenna no le restauró en el trono tras la victoria contra Roma. Los primeros años fueron de crisis y conflicto constante bien con sus vecinos etruscos o bien con los celtas que inundaban el valle del Po. Camilo entra en la historia en la guerra de Roma contra Veyes, donde consigue ganar fulgurantemente una guerra que duraba ya diez años. Tras esta gran victoria, celebra un triunfo que es mal visto por sus compatriotas por presentarse con iconografía solar. En lugar de ofenderse, Camilo decide exiliarse. Poco después, Roma sufre la invasión gala de Brenno, que llega a la propia Roma derrotando a todos los ejércitos de la República. Camilo es elegido entonces dictador, reúne un ejército y consigue derrotar a los galos. A partir de ese momento, su vida la dedica a la República consiguiendo grandes victorias militares y ser nombrado segundo fundador de Roma. Su vida está llena de hechos piadosos como la salvación de unos niños de una ciudad enemiga que habían sido entregados por un pedagogo traidor, a lo que Camilo responde desnudando al traidor y dando varas a los niños para que lo azoten. Muere a una venerable edad, víctima de la peste.
Así lo cuentan la mayor parte de los libros de historia. Leyéndolo, parece una narración más de unos hechos remotos. Mejor dicho, lo parecería si no conociéramos algunos detalles de la religiosidad romana y de la vida de Camilo. Veamos sólo unos pocos (no me extenderé para no hacerlo demasiado largo):
Tenemos por tanto el caso de un mito considerado historia. Es posible que existiera en algún momento alguien llamado Camilo que participara de algún modo en la guerra de Veyes o en la resistencia romana contra los galos, pero lo que queda claro es que su vida no pudo ser como se relata en los libros. ¿Cuánto queda de histórico? Probablemente nada o muy poco. Sin embargo, si consultáis cualquier libro de historia de Roma, veréis algún capítulo dedicado a un personaje que en realidad no existió.
Tercer caso.
Para terminar la serie, en este tercer y último ejemplo hablaré de un caso más cercano: Napoleón.
El caso me parece interesante porque ilustra lo que quiero transmitir. Disponemos de abundantísima documentación acerca de la vida y hechos de Napoleón, salvo tal vez su infancia y primera juventud. Es más, podemos seguir mes a mes su vida a través de documentos oficiales de diversas fuentes. Sin embargo, a pesar de esa existencia histórica innegable, a pesar de disponer de una narración histórica detallada es una figura que poco a poco ha ido asimilando las características del mito. La enseñanza de esto es que para que la historia se convierta en mito no es necesario que exista una gran distancia temporal o pocas fuentes fidedignas. El discurso mítico transcurre en paralelo al histórico.
No creo que sea necesario recordar la historia de Napoleón, sus comienzos en el periodo revolucionario, el auge imperialista, su coronación, las guerras en Europa, su abdicación, el exilio en Elba, su efímera vuelta y el exilio final en Santa Elena. Creo que merece la pena destacar sin embargo (suele olvidarse) que Napoleón no sólo fue un gran militar sino que fue además un gran reformador y un gran hombre de estado a pesar de su megalomanía y carácter tiránico.
Antes incluso de su muerte, durante el exilio en Santa Elena, Napoleón ya se había convertido en el paradigma del héroe romántico. Su oscuro inicio, sus gestas entendidas como la victoria de la voluntad, pero sobre todo su soledad y martirio a pesar de su grandeza anterior le convirtieron en la imagen popular e incluso culta en un semidiós al que poco a poco se le fueron atribuyendo características sobrehumanas. Incluso en España, que había sufrido sus guerras, se podía leer sobre él: "nació de mujer y volvió a la tierra, he aquí lo único en que Napoleón se asemejó a los hombres".
Se dice que cuando Marie Shelley escribió su Frankenstein, quiso novelar la gesta de Napoleón. Es muy posible, la historia de uno y otro se parecen tanto que sorprende. El monstruo es la injusticia de la Revolución, en la que su creador quiere verter todas sus virtudes pero que genera un monstruo incontrolable y cruel. Sea o no acertado el paralelismo, su encumbramiento como héroe romántico es indudable.
Como decía al principio, esa conversión en mito se superpone a lo que conocemos del personaje, y poco a poco sustituye a la historia puesto que convierte a un hombre mortal y particular en una categoría heroica. Así, pocos años después de sufrir una invasión sangrienta, los españoles siguieron la agonía y muerte del antiguo emperador con pena y dolor como si quien estuviera muriendo fuera un personaje divino. La sangre y la guerra quedaba olvidada y comenzaba el tiempo del mito.
En esta serie (espero que 4 mensajes) intentaré analizar con el permiso de los contertulios tres casos en que la historia se ha convertido en mito. Decía hace unos meses (y perdón por autocitarme) que "La cultura popular es muy reacia a la historia, en su lugar funciona creando y asimilando arquetipos. Se recuerdan 'categorías', no acontecimientos concretos. Se ha comprobado muchas veces que la memoria popular no retiene acontecimientos históricos más de dos o como mucho tres siglos. Los hechos recordados son modificados progresivamente hasta adquirir las características del mito. Así, se recuerda lo ejemplar, no lo individual".
Hay infinidad de casos documentados de este fenómeno, y aún aparecerán muchos más a medida que los investigadores avancen en su tarea. Cabe dudar de si las culturas sin escritura han retenido realmente algún hecho de su pasado, dado que cada vez que se ha estudiado un hecho tenido por histórico por estas culturas, siempre se ha comprobado su poca base real.
Cuando leemos la cosmogonía sumeria o la historia de la guerra de Roma contra Veyes, tendemos a considerar la primera una invención y la segunda como la narración de un hecho, como si los pueblos que las narraban dudaran de la primera y afirmaran la segunda. En realidad, tanto una como otra tienen las mismas posibilidades de ser mitos.
¿Por qué debemos dudar de ambas?
En primer lugar, hay que entender que para los pueblos míticos ambas narraciones se sitúan en el mismo plano, pues narran acontecimientos de un pasado remoto. Un pasado en que casi todo era posible. A ninguna se le da menor o mayor veracidad. El asesinato de Remo se contaba en las escuelas romanas como la verdadera historia de la fundación de Roma, no como un mito.
En segundo, aunque es cierto que la segunda narración (la guerra de Roma contra Veyes) tiene mayores probabilidades de estar fundada en un hecho real, la distancia temporal y la memoria global funciona crando arquetipos que deforman tanto lo sucedido que al final queda muy poco de histórico. Por contra, en la cosmogonía sumeria puede haber pervivido el rastro de un hecho real que finalmente adquirió las características del mito, como por ejemplo la gran inundación de 3000 a.C. narrada como el diluvio enviado por Enlil.
En tercer y último lugar, la memoria popular retiene con muchísima mayor facilidad una categoría que un hecho histórico. Los personajes se asimilan a héroes o villanos con unas características definidas; las situaciones se convierten en ejemplos paradigmáticos que pueden definirse siempre con una palabra: "destino", "fatalidad", "virtud" o "maldad". Es más, podría afirmarse que la memoria popular siente repugnancia por el devenir de la historia, como espero que se vea en los siguientes mensajes.
Primer caso.
Un poco antes de la segunda guerra mundial, en una región de Rumanía, se cantaba una balada que contaba la historia de un amor trágico: Un joven y hermoso prometido, en la víspera de su boda, salió a pasear por el bosque. En el paseo, se encuentra con un hada que se enamora al instante del joven y le pide matrimonio, pero éste se niega. El hada, cegada por los celos, le somete a un encantamiento y el joven cae por un barranco perdiendo la vida. Al día siguiente encuentran el cadáver y lo llevan al pueblo. Al verlo la novia, entona un canto fúnebre lleno de alusiones mitológicas.
Esta balada, junto con muchas otras variantes, fue recogida por el folclorista Constantin Brailoiu. Cuando quiso averiguar cuándo sucedió realmente, todos contestaron que había sucedido "hace mucho, mucho tiempo", que se trataba de una historia muy antigua transmitida durante generaciones de abuelos a nietos. Sin embargo, Brailoiu continuó la investigación hasta que al fin dio con los protagonistas de la historia.
El suceso real había sucedido tan sólo 40 años antes, y lo que era aún mejor, la novia protagonista aún vivía. Interrogada, relató lo que realmente había sucedido. La mujer contó que su novio, tiempo antes de la boda, había caído por descuido por un terraplén quedando malherido, y había sido recogido por unos montañeses que oyeron sus gritos. Fue trasladado al pueblo donde tardó días en morir. En el entierro, como era tradicional, tanto la novia como las demás plañideras habían repetido los cantos fúnebres acostumbrados.
Casi todos los habitantes del pueblo habían vivido los sucesos reales que generaron la historia del hada. Sin embargo, un hecho así no les satisfacía. En sólo 40 años habían transformado un suceso casi irrelevante (la muerte de un prometido por accidente) en una categoría mítica (un novio hechizado por un hada que muere trágicamente la víspera de su boda). No sólo se había creado una balada, sino que la muerte tenía un motivo mítico: los celos de un hada enamorada, el destino trágico.
El epílogo de esta historia es sorprendente y revelador. Brailoiu les contó a los del pueblo la verdadera historia contada por la novia, Los habitantes le contestaron que la pobre vieja, sumida en su dolor, había olvidado lo que realmente sucedió y había perdido el juicio. El mito se había convertido en la realidad puesto que satisfacía más a los que lo recordaban.
Segundo caso.
Los libros de historia, incluso los actuales, cuentan que Marco Furio Camilo fue un cónsul, dictador y militar romano que vivió entre finales del siglo V y mediados del IV. Para quien no esté familiarizado con sus hazañas, hago un breve resumen.
La república romana tenía apenas 50 años cuando nació Camilo. El primer Tarquino acababa de ser expulsado y Porsenna no le restauró en el trono tras la victoria contra Roma. Los primeros años fueron de crisis y conflicto constante bien con sus vecinos etruscos o bien con los celtas que inundaban el valle del Po. Camilo entra en la historia en la guerra de Roma contra Veyes, donde consigue ganar fulgurantemente una guerra que duraba ya diez años. Tras esta gran victoria, celebra un triunfo que es mal visto por sus compatriotas por presentarse con iconografía solar. En lugar de ofenderse, Camilo decide exiliarse. Poco después, Roma sufre la invasión gala de Brenno, que llega a la propia Roma derrotando a todos los ejércitos de la República. Camilo es elegido entonces dictador, reúne un ejército y consigue derrotar a los galos. A partir de ese momento, su vida la dedica a la República consiguiendo grandes victorias militares y ser nombrado segundo fundador de Roma. Su vida está llena de hechos piadosos como la salvación de unos niños de una ciudad enemiga que habían sido entregados por un pedagogo traidor, a lo que Camilo responde desnudando al traidor y dando varas a los niños para que lo azoten. Muere a una venerable edad, víctima de la peste.
Así lo cuentan la mayor parte de los libros de historia. Leyéndolo, parece una narración más de unos hechos remotos. Mejor dicho, lo parecería si no conociéramos algunos detalles de la religiosidad romana y de la vida de Camilo. Veamos sólo unos pocos (no me extenderé para no hacerlo demasiado largo):
- Camilo dedica un templo a la diosa romana de la Aurora
- Todas sus victorias tienen lugar al amanecer
- En el rito romano de la diosa Aurora (Mater Matuta), una esclava entra en el templo de la diosa, y es expulsada golpeándola con varas; en el rito existe un tiempo de espera que va desde la puesta del sol hasta la medianoche, cuando ya se considera que el nuevo día ha nacido
- en el mismo rito toman parte unos niños que son protegidos por las oficiantes, niños que una vez restablecido el orden son devueltos con sus padres
Tenemos por tanto el caso de un mito considerado historia. Es posible que existiera en algún momento alguien llamado Camilo que participara de algún modo en la guerra de Veyes o en la resistencia romana contra los galos, pero lo que queda claro es que su vida no pudo ser como se relata en los libros. ¿Cuánto queda de histórico? Probablemente nada o muy poco. Sin embargo, si consultáis cualquier libro de historia de Roma, veréis algún capítulo dedicado a un personaje que en realidad no existió.
Tercer caso.
Para terminar la serie, en este tercer y último ejemplo hablaré de un caso más cercano: Napoleón.
El caso me parece interesante porque ilustra lo que quiero transmitir. Disponemos de abundantísima documentación acerca de la vida y hechos de Napoleón, salvo tal vez su infancia y primera juventud. Es más, podemos seguir mes a mes su vida a través de documentos oficiales de diversas fuentes. Sin embargo, a pesar de esa existencia histórica innegable, a pesar de disponer de una narración histórica detallada es una figura que poco a poco ha ido asimilando las características del mito. La enseñanza de esto es que para que la historia se convierta en mito no es necesario que exista una gran distancia temporal o pocas fuentes fidedignas. El discurso mítico transcurre en paralelo al histórico.
No creo que sea necesario recordar la historia de Napoleón, sus comienzos en el periodo revolucionario, el auge imperialista, su coronación, las guerras en Europa, su abdicación, el exilio en Elba, su efímera vuelta y el exilio final en Santa Elena. Creo que merece la pena destacar sin embargo (suele olvidarse) que Napoleón no sólo fue un gran militar sino que fue además un gran reformador y un gran hombre de estado a pesar de su megalomanía y carácter tiránico.
Antes incluso de su muerte, durante el exilio en Santa Elena, Napoleón ya se había convertido en el paradigma del héroe romántico. Su oscuro inicio, sus gestas entendidas como la victoria de la voluntad, pero sobre todo su soledad y martirio a pesar de su grandeza anterior le convirtieron en la imagen popular e incluso culta en un semidiós al que poco a poco se le fueron atribuyendo características sobrehumanas. Incluso en España, que había sufrido sus guerras, se podía leer sobre él: "nació de mujer y volvió a la tierra, he aquí lo único en que Napoleón se asemejó a los hombres".
Se dice que cuando Marie Shelley escribió su Frankenstein, quiso novelar la gesta de Napoleón. Es muy posible, la historia de uno y otro se parecen tanto que sorprende. El monstruo es la injusticia de la Revolución, en la que su creador quiere verter todas sus virtudes pero que genera un monstruo incontrolable y cruel. Sea o no acertado el paralelismo, su encumbramiento como héroe romántico es indudable.
Como decía al principio, esa conversión en mito se superpone a lo que conocemos del personaje, y poco a poco sustituye a la historia puesto que convierte a un hombre mortal y particular en una categoría heroica. Así, pocos años después de sufrir una invasión sangrienta, los españoles siguieron la agonía y muerte del antiguo emperador con pena y dolor como si quien estuviera muriendo fuera un personaje divino. La sangre y la guerra quedaba olvidada y comenzaba el tiempo del mito.
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