jueves, 6 de diciembre de 2007

Mitos y el templo de Jerusalén

[publicado originalmente en es.charla.religion]

Hay pocos lugares que estén mas rodeados de mitos que el Beit Hamikdash, el templo de Jerusalén. Desde su construcción, su destrucción por Nabucodonosor, su posterior reconstrucción y la destrucción final por Tito, ha sido objeto y representación del destino de un pueblo. El templo ha jugado numerosos papeles en la historia, incluso actualmente como un lugar mágico en el que se pueden encontrar tesoros, fuentes de juventud eternas, o puertas para comunicarse con un dios. Por si esto fuera poco, su reconstrucción ha sido convertida en un icono que debe anunciar la vuelta del mesías. Según el pensamiento mágico, si se consigue reconstruirlo se acelerará el ciclo del fin del mundo.

El mito parte desde su propio diseño. Según el mito, el plano del templo fue revelado por el propio Jehová en el monte Sinaí. El templo parte por tanto de un diseño divino, reproduce un esquema preexistente en un plano celestial. Este esquema lo podemos seguir en prácticamente todas las culturas antiguas: lo material toma esencia cuando reproduce lo celestial. El rey sumerio Gudea construyó el templo de Lagash según el modelo revelado de la morada celestial del dios, y el templo de Sihagiri en Ceilán reproduce el modelo de ciudad celestial. Poco importa que el primer templo fuera una construcción simple y burda acorde con su época, lo que importa es que reproduce un modelo extraterreno.

El templo, por demás, reproduce modelos que recuerdan o incluso señalan a otras culturas. Así como el templo de Marduk en Babilonia tapaba la puerta de Tiamat, el templo de Jerusalén (más exactamente, la roca) tapaba la
puerta de Tehom. Huelga recordar que Tehom es el equivalente hebreo de Tiamat. Esto ocurre con frecuencia en las antiguas culturas: el templo es un centro del mundo, un lugar de comunicación entre lo subterráneo, lo celestial y el mundo real.

La tercera reconstrucción no es más que una prolongación encubierta del mismo mito. Sólo cuando la morada del Dios esté preparada, éste podrá volver. No hemos cambiado tanto...

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