sábado, 22 de diciembre de 2007

Serpientes

[publicado originalmente en es.charla.religion]

1. Caos, serpientes y dragones.

En el Popol Vuh maya, Tepeu y Cocumatz envían un ave al inmenso mar para traer a la serpiente. Con su sangre, mezclada con el maíz, crean al hombre. En la mitología celta, la cruel diosa Morrigan se enamora de Cuchulaín, se transforma en serpiente de agua y éste la derrota y la castiga. Un mito similar podemos encontrar en la india con la serpiente Vrta o en Sumer con su diosa-serpiente Lamaštu, asociada con Apšu, las aguas primordiales. Si consideramos los dragones (esto es, serpientes grandes y aladas) los ejemplos se multiplican (por ejemplo, las leyendas artúricas, San Jorge). El factor común no es difícil de sacar: Agua no controlada equivale a caos, serpiente y dragón son la representación de este caos primigenio, de la amenaza con la vuelta al caos.

El caos tiene una naturaleza dual. Por una parte, es la materia de la que se crea la vida. Así lo dice Génesis, el Enuma Elish o el Popol Vuh. Por otra parte, supone una amenaza latente de destrucción, de vuelta a los orígenes. No es casual que muchas de las grandes renovaciones enviadas por los sucesivos dioses fueran gracias al agua (el diluvio de Génesis, de la mitología sumeria, de la mitología egipcia). Más aún, el hombre vive siempre en el centro del mundo, más allá sólo hay un espacio no santificado, caos, destrucción e inseguridad; se trata de una tierra poblada de agua y dragones que aún no ha sido "creada".

2. Serpientes y vida eterna.

En la epopeya de Gilgamesh, cuando el héroe encuentra al fin la flor que confiere la vida eterna se la arrebata una serpiente y se la come. Este relato, junto con muchos otros similares, esconde la creencia del hombre antiguo de que la serpiente podía vivir eternamente. Suele justificarse esta creencia debido a que la serpiente cambia la piel dejando atrás la serpiente "vieja" y regenerándose. Pero hay otra razón más sutil: La serpiente, como dije en el post anterior, se asocia con el caos. En el caos el tiempo está suspendido, por tanto la serpiente no está sujeta al paso del tiempo.

Pensemos en los mitos en los que aparece la fuente de la eterna juventud, tan comunes en las mitologías antiguas. En estas fuentes, una bestia inmortal custodia el acceso a la fuente. Estas bestias pueden ser ninfas, dragones y muy a menudo serpientes. La "lógica" es bien clara: en el centro del mundo, donde el tiempo queda suspendido, existe una fuente que otorga la vida eterna, la suspensión del tiempo. La fuente está custodiada por un ser al que el tiempo no afecta, y que bebe a su vez de esta fuente.

El relato de Génesis ofrece una visión particular de este mito. No sólo hay dos fuentes (dos árboles), sino que quien custodia esta fuente no evita que se acceda a la fuente, sino que induce al hombre. Pero ... ¿no resulta curioso que tiente al hombre a tomar del árbol equivocado? Bien mirado, la serpiente es efectiva también para evitar que el hombre acceda a la inmortalidad: le da a probar del árbol de la ciencia provocando su expulsión del paraíso. El árbol de la vida eterna queda intacto.

Otra de las representaciones de su cualidad eterna la encontramos en la alquimia. La serpiente se representa mordiéndose la cola , comiéndose y a la vez regenerándose contínuamente en un círculo sin fin (ver por ejemplo http://www.ladymorrygan.com/Imagenes/Ouroborus/ouroborus.JPG). Al dibujarla solían escribir "solve et coagula" (disgrega y reúne), un lema que lleva a pensar en el eterno ciclo de destrucción y creación tan conocido para los alquimistas. Para terminar, si nos fijamos en el símbolo actual de la medicina vemos el bastón de Asclepio rodeado por una serpiente. No es casual, la serpiente representa de nuevo la salud, la vida eterna, la regeneración sin fin que es el ideal de la medicina. El mito pervive, una vez más.

3. Serpientes, mujeres y conocimiento.

Para los hebreos, Eva no fue la primera mujer. El Talmud recoge la historia de Lilith, la primera mujer y compañera de Adán, creada de arcilla como él. Lilith era enormemente bella y sobre todo independiente, celosa de su libertad. Tanto, que ponía en duda la superioridad de Adán sobre ella. Tanto, que para no perder su libertad ni someterla a Adán dedidió abandonar el paraíso. Adán entonces recibe una nueva mujer más sumisa, Eva, por tanto creada a partir de la costilla de Adán. Las referencias en el Antiguo Testamento se limitan a Isaías 34:14. "(...) también allí reposará Lilith y en él encontrará descanso". Justo después, en 34:15, añade "Allí anidará la víbora, pondrá, incubará y hará salir del huevo".

El escritor de Isaías seguramente se dejó traicionar por su subconsciente. Cuando Lilith abandona el paraíso, accede al lado oscuro, se convierte en un demonio representado como o con una serpiente. Algunas tradiciones dicen que su cuerpo termina por una cola de serpiente, otras que es capaz de transformarse en una serpiente marina y otras que mantiene relaciones sexuales con la serpiente.

Casi todos los atributos de Lilith son "negativos" para quienes los escribieron. Se trata de una mujer libérrima, enemiga del matrimonio, instigadora del deseo, transgresora. Es por eso que Lilith es demoníaca, porque no se somete ni al varón ni al mismo Yahvé. Pero no todo en Lilith es negativo. Se la asocia también con la sabiduría de lo ignoto, de lo escondido, con el conocimiento. Las semejanzas con la diosa Innana sumeria son tan grandes que la correspondencia es inmediata, si bien para los sumerios la diosa no es un carácter negativo sino creador/destructor, una diosa madre de la que todo parte y a todo vuelve.

Llegados aquí, supongo que ya sabréis donde quiero ir a parar. Tenemos a una demonesa que es o puede tomar la forma de una serpiente. Esta serpiente da gran valor al conocimiento y tiene razones para oponerse a Yahvé. Si nos acordamos del árbol del conocimiento, el árbol del bien y el mal, y recordamos a la serpiente que con voz dulce le dice a Eva que tome del fruto, que acceda al conocimiento, que sea tan libre como ella, tendremos una clave más de las que se esconden en Génesis.

4. Serpientes y leche materna.

Juguemos a las equivalencias. Tal como he explicado en los mensajes anteriores, la serpiente acumula un buen número de atributos en la mente del hombre antiguo. Veamos unas cuantas, que pueden aplicarse indistintamente a la serpiente o al dragón:

1) Se asocia al caos primordial y a la noche.
2) Puede vivir eternamente.
3) Custodia la fuente de la vida eterna.
4) Representa y se asocia con lo femenino (Lilith, Eva, Lamaštu)
5) Es una bestia sabia, que acumula conocimiento.

Añadamos a la olla el próximo ingrediente, el punto 6. Sabemos que hay infinidad de mitos, algunos muy antiguos, que asocian a la serpiente con la leche materna. En Chile se cree que las serpientes se ven atraídas por la dulzura de la leche, en Sumer la serpiente Lamaštu les pedía a las madres que les trajeran a sus niños para que les amamantara, en Galicia aun hoy en día las madres ponen ceniza en las ventanas para evitar que las serpientes se acerquen a la boca del recién nacido. Por supuesto, ninguno de esos mitos tiene ninguna base científica ni biológica, pero aun así están muy arraigados en la cultura popular.

La correspondencia fácil sería decir que la leche materna equivale a la fuente de la juventud, pero no hay ningún mito que lo avale. Sería como decir, de los enunciados del principio, que 2, 3 y 4 llevan a 6. Sin embargo, a pesar de disponer de infinidad de mitos acerca de la leche materna, ninguno la asocia con la eterna juventud. Sólo existen algunos tratados que recomiendan a los ancianos tomarla para aumentar su longevidad, pero se trata más de tratados médicos que de mitología (por ejemplo, el tratado de 1458 de Muffet). ¿Dónde está entonces la relación?

No hay una respuesta fácil, o yo al menos no la tengo. La única manera que encuentro de responder esto es pensar en las ideas de una madre antigua, en la dedicación necesaria y la vulnerabilidad del bebé. El temor a ser una mala madre, a que el niño no crezca, a que la leche no sea suficiente se materializan en el símbolo de la amenaza para el niño y toma la forma de una serpiente. La idea viene reforzada por lo que tiene de simbólico el animal, la mala madre que representa, la Lamaštu, que es la materialización de los temores de la madre. Lo que no puede negarse es que su imagen y su simbología está muy arraigada en nuestro inconsciente.

miércoles, 12 de diciembre de 2007

Persecuciones romanas contra los cristianos

[publicado originalmente en el newsgroup es.charla.religion]

1. Nerón.

Como ya he dicho muchas veces, los mitos son persistentes.

Antes de nada, habría que hacer una breve introducción acerca de la situación de los primeros cristianos. Si creemos la tradición cristiana, los primeros cristianos eran objeto de persecución en el Imperio. Esto les obligaba a usar códigos secretos (como el símbolo del pez) y a ocultarse en las catacumbas para celebrar sus ritos. Las razones de esta persecución suelen justificarse por una oposición al poder y por propagar valores contrarios a la “decadencia moral romana”. Nada más lejos de la realidad.

La historiografía, y en esta incluyo las fuentes cristianas, no confirman en absoluto una persecución de los valores cristianos. Lo que si se atestigua es el franco antisemitismo de los romanos, y el hecho es que a los ojos romanos los cristianos no se diferenciaban de los judíos. Dos factores más hacen que los cristianos fueran molestos. El primero, la tendencia de la clase imperial a basar su poder en la divinización del emperador, lo que creaba un conflicto frente a las religiones monoteístas. El segundo, que a la ideología romana no gustaban los ritos mistéricos, ya que consideraba que la religión era un bien público. En este sentido, hay que recordar el senadoconsulto De Bachanalibus (s. II a.C.), que provocó una matanza de dionisíacos mucho más cruenta que las primeras persecuciones a los cristianos.

No hay fuentes que registren cuántos cristianos murieron en la represión neroniana, pero si se puede constatar que sólo unos meses después del gran incendio los cristianos no hacían esfuerzos por ocultarse. Tácito habla de que Nerón arrestó “a una muchedumbre”, y se refocila narrando los tormentos (personas encendidas como teas, entregadas a las fieras o crucificadas). No hay que olvidar que Tácito despreciaba a los cristianos no por su supuesta superioridad moral, sino por considerarlos culpables de infanticidio ritual e incesto. Nerón no insistió en la persecución porque no estaba interesado. Se trataba únicamente de una maniobra para calmar a la población.

¿Hasta donde llegó pues la persecución y matanza de cristianos? Si creemos a Gibbon, los cristianos muertos por las persecuciones romanas llegarían únicamente a 4.000 en toda su historia, siendo 2.000 de ellos víctimas de la gran persecución de Diocleciano. Sin embargo, la tradición cristiana sigue asociando a Nerón al mismo demonio mientras olvida a Diocleciano. El mito es persistente.

2. Domiciano.

No se puede entender la persecución de Domiciano si no se conoce la historia de los Flavios. Vespasiano había accedido al poder, tras un interregno caótico, en medio de una campaña para reprimir la sublevación judía. Abandonó el asedio a Jerusalén dejando que su hijo Tito lo terminara. Tito consiguió finalmente entrar en Jerusalén, gracias más al caos interno entre los judíos que al propio asedio. Esto no terminó con la guerra ya que subsistieron otros núcleos de rebelión que fueron problemáticos durante años y que fueron sofocados durante el reinado de Tito. A la muerte de Tito, su hermano Domiciano accedió al poder y más tarde decretó la persecución de los judíos, lo que en la época incluía a los cristianos. Las razones de Domiciano eran básicamente tres. La primera, obviamente, tenía que ver con la inquina popular y de la propia familia Flavia a aquellos que tantos problemas les habían causado. La segunda, que quiso instaurar el culto al emperador y que por tanto chocaba con los cultos monoteístas. La tercera, el pago de impuestos al que los judíos se resistían.

Cuando se habla de “persecución”, la cultura popular tiende a imaginar a niños y mujeres muriendo bajo las garras de un león en el Coliseo romano. Sin embargo, el decreto de Domiciano se limitaba a evitar que los judíos (y por tanto los cristianos) ocuparan cargos de responsabilidad. En otros casos llegó a la confiscación de bienes y al destierro de la ciudad de Roma.

Y aquí tenemos un nuevo caso de un mito. La tradición cristiana afirma que la ejecución de Flavio Clemente fue debido a que era cristiano, sin embargo lo cierto es que Clemente era sobre todo primo del emperador y sucesor directo al trono, por lo que las razones para su asesinato fueron políticas. Las fuentes no cristianas hablan de una conspiración iniciada por Clemente para asesinar al emperador y acceder al trono, conspiración que se ve confirmada por la muerte de Domiciano un año después a instancias de su mujer Domicia. Sin embargo, la iglesia convirtió a Flavio en santo junto con su mujer Domitia, desterrada tras el proceso. Se confirma pues que el hecho de ser judío o cristiano no era necesariamente motivo de ejecución, pero sí lo era estar en la línea sucesoria al trono.

Por tanto, la segunda persecución a los cristianos, la de Domiciano no deja de ser otro mito. Domiciano no estaba interesado en los cristianos sino en los judíos; pero sobre todo estaba interesado en la recaudación de impuestos y en su perpetuación en el poder.

Pero, como digo, el mito es persistente.

3. Trajano.

Trajano fue uno de los grandes emperadores romanos. Unía a una clara visión de estado unas cualidades humanas que sólo se repitieron con Marco Aurelio. Por si eso fuera poco, Trajano era un gran comandante y un gobernante querido por el pueblo y por el Senado. Gracias a esto, el juicio de la historia ha sido muy benevolente con este emperador.

Uno de los problemas con los que Trajano tuvo que lidiar fue la negativa de los cristianos (ya no de los judíos, que se habían vuelto más acomodaticios tras la destrucción de Jerusalén) a rendir culto religioso al emperador. Por entonces, las acusaciones de infanticidio ritual ya habían cesado, en un esfuerzo de los propios cristianos por mostrar su culto (lo cual contradice por cierto la leyenda de que tenían que ocultarse). Por eso, Trajano le escribe al gobernador de Bitinia: “Los cristianos no han de ser perseguidos oficialmente. Pero si son denunciados y reconocidos culpables, se les debe condenar.”

Esta frase es legal y moralmente irreprochable. Lo que viene a decir es que no se condenará a nadie salvo que transgreda ostensiblemente la ley. Porque no hay que olvidar que el culto al emperador era obligado, y que no seguirlo era motivo de herejía y por tanto de condena. Como buen romano, su mentalidad le obligaba a hacer cumplir la ley.

Tampoco se tienen cifras exactas de los cristianos muertos durante el reinado de Trajano, aunque todos coinciden en que no pudieron ser más que unas pocas decenas. Los motivos, de nuevo, no tenían nada que ver con una supuesta superioridad moral cristiana: A los ojos de Trajano los cristianos simplemente incumplían una ley y se les castigaba por ello.

4. Caracalla, Septimio Severo y Decio.

Contra lo que dice la tradición cristiana, los reinados de Caracalla y Septimio Severo no fueron hostiles hacia el cristianismo. Marco Aurelio había seguido una política de tolerancia religiosa que cuadraba muy bien con su carácter y había evitado fricciones respecto al culto al emperador. Sin embargo, tanto Caracalla como Septimio Severo vieron clara la necesidad de basar su poder moral en su propia divinización, con lo que el conflicto volvió a cobrar vigor.

Sin embargo, a diferencia de lo que sucedió más tarde, ni uno ni otro publicaron edicto alguno ni obligaron a ninguna demostración de fe pública como es el caso de Decio. Es cierto que hubo algunos “mártires” (como gusta llamar la iglesia), pero se produjeron más por el odio de la población y no estaban en absoluto promovidos por el Estado.

Es diferente el caso de Decio, que en un golpe de efecto obligó a todos los habitantes del Imperio a participar en un sacrificio a los dioses patrones de Roma. La consecuencia de no hacerlo era la deportación o incluso la muerte… y desde luego la confiscación de bienes, lo que venía muy bien a las arcas del Estado. Sin embargo, pocos fueron los “mártires” en este caso, la mayor parte de los cristianos prefirió o bien huir o bien participar en el sacrificio a pesar de sus creencias. Tampoco puede hablarse de una “persecución”, como puede verse, el culto no estuvo prohibido y la libertad religiosa era una norma general.

5. Maximinio y Valeriano.

El siglo III sumió al imperio romano en una gran crisis que ya se venía gestando desde hace largo tiempo. El desplazamiento de poder, la demostración clara que lo que hace un emperador es el apoyo de las tropas se hizo patente tras la dinastía de los Severos. Así, los asesinatos, las proclamaciones y las guerras civiles fueron el mecanismo para que los sucesivos emperadores subieron al poder, emperadores que a veces duraban tan sólo unos meses en el trono hasta que eran depuestos por su sucesor. Tal fue el caso de Emiliano, Salonino o Gordiano.

Es en este siglo convulso cuando se encuentran las primeras persecuciones verdaderas y sistemáticas. Los promotores fueron Maximinio, un emperador aquejado de gigantismo y a juzgar por las fuentes con las capacidades intelectuales bastante limitadas; y Valeriano, que quiso apropiarse de los bienes de la iglesia, que por entonces ya comenzaban a ser enormes.

Las causas de las persecuciones son complejas. Por una parte, uno de los resortes del poder era la concepción orientalista del trono, que exigía a los súbditos la adoración al emperador. Por otra, la iglesia comenzaba a convertirse en un poder fáctico y sobre todo económico muy importante. A esto debe añadirse el odio de la población, y lo poco que ayudaban los propios cristianos en favor de su imagen debido a sus luchas internas.

Porque no debe olvidarse que el cristianismo estaba en plena guerra interna en el siglo III. Las diferentes versiones del cristianismo luchaban por imponerse unas a otras (siendo las perdedoras consideradas “herejías” y las ganadoras “dogma”). Esta lucha, en principio ideológica, llegaba a extremos tales como la expulsión de Roma (como en el caso de Marción, por ejemplo). Estas luchas intestinas eran vistas por los seguidores de la religión tradicional con ironía y desagrado.

Las actas de los mártires y la mitificación de los hechos convirtiéndolos en historias ejemplares (uno de los mecanismos del origen del mito) son de esa época. La propia iglesia, consciente de su valor propagandístico, fomentaba el “registro” de los martirios para usarlos como herramienta evangelizadora.

6. Análisis de un caso de la martirología.

Para ejemplificar lo que quiero decir con una transformación en mito, analizaré únicamente un caso de la martirología: Santa Águeda.

Las actas de los mártires registran que durante el reinado de Decio vivía en Sicilia una mujer de gran belleza, de familia rica pero gran devota y que decidió dedicar su vida y su virginidad a Cristo. Movido por la belleza de la virgen y ayudado por el edicto de Decio que obligaba a un sacrificio público, el procónsul Quinciano intentó obligarla a acostarse con él. Águeda le rechaza repetidas veces, abundando las declaraciones de fe por parte de la futura santa, hasta que el procónsul la somete al martirio en venganza. El martirio consiste en arrancarle los pechos, tras lo que se le aparece Pedro y la sana. Águeda le hace durante el martirio una pregunta reveladora a Quinciano: “¿no te da vergüenza torturar el seno con el que te alimentaste de niño?”. Después, el procónsul la extiende desnuda en un lecho de brasas ardientes, lo que provoca la ira del pueblo y un terremoto. Asustado, el procónsul la libra del tormento y la devuelve al calabozo, donde muere. Esto sucedía en 251 según las actas. Poco después, intercede en una erupción del Etna salvando Catania, y a partir de ese momento es considerada santa, una santa que procura de los nacimientos, de la maternidad, de las lactantes con poca leche y protectora contra las erupciones volcánicas. Hasta aquí la tradición, ahora intentaremos analizarlo.

Lo primero que choca en esta historia es la historia de la erupción del Etna y la protección de la santa ante estos hechos. Investigando sólo un poco, vemos la identificación que se hacía en los pueblos antiguos entre un volcán y el seno materno. La analogía es clara: la forma del volcán, el magma que simula la leche hacen la identificación casi inevitable. El volcán es el pecho de la tierra, la lava es la leche que emana de la Terra Mater. Si la santa protege y controla la lactancia, es lógico que por extensión controle por tanto las erupciones volcánicas. Las brasas del martirio pueden verse como un énfasis sobre este aspecto.

La historia de la santa, por otra parte, es un claro modelo ejemplar: el rechazo de la concupiscencia, la fortaleza en la fe, la humildad a pesar de los dones de riquezas y belleza, la negativa a renunciar a su fe a pesar de los tormentos, y por último la recompensa final hacen de esta historia un ejemplo a explicar para enseñar las ideas que los cristianos querían enseñar a sus acólitos. Se trata de una construcción elaborada para mostrar además la perfidia del procónsul, la derrota moral que sufre con el terremoto. Un mito, por tanto, creado ex profeso para ser narrado y servir de ejemplo.

Pero quedémonos con una serie los elementos de la historia: los senos cortados, la desnudez y belleza de la santa, su patronazgo para la maternidad y la protección contra los volcanes. Si buscamos sólo un poco en la mitología, nos encontramos con Juno Lucina, aspecto de la diosa Juno / Hera. Veamos las analogías:

  • Juno es esposa de Júpiter. Del matrimonio salen dos hijos, uno de ellos es Vulcano. Juno es por tanto la madre de la actividad volcánica.

  • Juno es protectora de la maternidad, y con su epíteto Lucina lo es de los partos, de la lactancia materna y de las enfermedades de los pechos.

  • A Juno se la representa siempre con los senos al descubierto, para acentuar su carácter de madre prototípica. Además, a Juno se la representa como una mujer extraordinariamente hermosa.

Tenemos por tanto ya todas las claves para descifrar el mito de Santa Águeda. Se trata de una adaptación / sustitución de la diosa Juno Lucina cuya historia está diseñada para ser usada como ejemplo y como herramienta propagandística.

7. Diocleciano.

La persecución de Diocleciano, de hecho la última, fue con mucho la más cruenta y sistemática. Según la historiografía actual, unos 2.000 cristianos perdieron la vida durante el reinado de este emperador y muchos otros fueron deportados o huyeron tras las fronteras del imperio.

Diocleciano heredó una situación de crisis generalizada en lo civil, económico y militar. Pocos años antes, Aureliano se había visto obligado a retirarse de Dacia en su guerra contra los godos, lo que significaba perder la explotación de las ricas minas de oro. En lo sucesivo, la recaudación se dirigió hacia el ciudadano aumentando la presión fiscal y ahogando toda posibilidad de recuperación económica. Diocleciano impulsó una serie de medidas que querían detener la descomposición del imperio, entre ellas la gleba: los ciudadanos quedaba sujetos en lo sucesivo a su oficio o a su tierra. En un asombroso gesto político, fundó la tetrarquía para posibilitar la defensa de las fronteras del Imperio y decretó su propia sucesión tras 20 años de reinado, lo que cumplió escrupulosamente.

En este marco de renovación, uno de los puntos del programa de Diocleciano era la recuperación de los valores tradicionales romanos, pese a que en realidad el emperador era en realidad dálmata. En este contexto, dictó numerosos decretos que intentaban una restauración de la vida familiar y de la religión tradicional.

A pesar de esto, en los tres primeros lustros de su reinado no tomó ninguna acción contra los cristianos. La situación cambió hacia el final de su reinado, cuando promulgó entre 303 y 304 cuatro edictos cuyo objetivo era la eliminación de los cristianos y de su iglesia. La ejecución de esta persecución fue sistemática e implacable, salvándose únicamente las provincias gobernadas por el co-césar y futuro corregente Constancio Cloro (es decir, las Galias y Britania). Diocleciano no se limitó únicamente a condenar a muerte a todos los cristianos que pudo, sino que además se dedicó a eliminar todo registro escrito, actuando como si de una “damnatio memoriae” se tratara.

Sin embargo, la persecución demostró su inutilidad sólo dos años después de comenzar, cuando Diocleciano dimitió junto con su corregente Maximiano. Sus sucesores, Galerio y Constancio Cloro, no insistieron en una persecución que sólo había conseguido las iras de la población y una difusión aún mayor de una doctrina con la que querían acabar.

8. Constantino.

Poco tiempo tuvo que pasar tras la persecución de Diocleciano hasta que el cristianismo pasó a ser una religión de estado con Constantino. Entre tanto, con Constancio Cloro y su corregente Galerio, se dictaron edictos para favorecer la tolerancia religiosa, diseñados específicamente para poner a los cristianos en igualdad de condiciones con los demás cultos. Ante un paganismo desorganizado que ya no creía en sus propias fuerzas, el cristianismo tuvo el camino fácil para ocupar puestos en la administración del Imperio.

Cuando Constantino accedió al poder, una de sus prioridades era poner orden en los asuntos religiosos. Constantino quería promover una religión que encajara con la manera de pensar que quería para sus súbditos, por eso sus intereses se centraron en las religiones monoteístas en que un gran señor dominara a sus creyentes con mano firme pero paternal. A un gobierno absolutista le tenía que acompañar una religión que siguiera el mismo modelo.

Los primeros ensayos de Constantino se basaron en el culto al Deus Sol Invictus. La elección le pareció acertada por muchas razones. En primer lugar, el propio Constantino era un adorador ferviente de este dios. En segundo, era una de las religiones con más seguidores en todo el Imperio, y además era compatible con otras tales como el culto a Mitra y con la mayor parte de las religiones paganas. De hecho, el Deus Sol Invictus había sido asociado con la monarquía desde ya hacía años, y lo siguió siendo aún después de Constantino. Así continuó hasta la prohibición de Teodosio.

El cristianismo encajaba también con esa “idea monárquica” de la religión, aunque tenía en contra la poca estabilidad de su doctrina y sus continuas luchas internas contra la herejía. A favor, tenía una gran organización jerarquizada y tener a muchos de sus seguidores en puestos de responsabilidad del Imperio. Finalmente, Constantino renunció a su propio dios y puso su mirada en el cristianismo. Pero antes, necesitaba cierta estabilidad en el seno de sus seguidores. Así, aconsejado por el obispo Osio, les forzó a convocar una reunión, un Consilium, para que pusieran orden en su propio dogma. La promesa subyacente era darles el poder si lo conseguían.

Todos conocen la historia. Tras el Concilio de Nicea, el cristianismo finalmente fue considerado una religión legítima gracias al Edicto de Milán. En un gesto que le define, el propio emperador se hizo bautizar a su muerte. El mensaje fue comprendido por sus seguidores: el cristianismo pasaba a ser la religión de los emperadores.

Esto ocurría en 325. Sólo 21 años después, un cristiano de renombre, Fírmico Materno, publicaba un manifiesto que se convirtió en una guía programática: “Del error de las religiones paganas”. En este manifiesto, animaba a los cristianos a destruir los templos paganos, fundir las estatuas de los templos y asesinar a cuantos paganos pudieran. Habían bastado poco más de 20 años para que el cristianismo pasara de perseguido a perseguidor.

9. Conclusiones.

Aunque existen otras, la fuente principal de la martirología cristiana son las Actas de los Mártires. En ellas se explican los tormentos por los que pasaron los diferentes mártires del cristianismo, casi siempre de un modo especialmente macabro y demasiado rico en detalles. La estructura del relato es básicamente la misma para todos los casos:

1) Un o una creyente ferviente, virtuoso, que no teme a la muerte y se enfrenta al poder,

2) al poder se le representa siempre corrupto, malvado y envidioso de la firmeza del creyente,

3) un tormento en el que se quiere que el creyente abjure, a lo que el creyente se niega; el tormento es descrito en detalle para dar mayor dramatismo a la historia,

4) una entrega o petición del creyente a Jesús,

5) un suceso milagroso que sucede durante o después del tormento,

6) el creyente es recompensado por la firmeza de su fe.

Esta estructura tan milimétrica nos lleva a dudar de la veracidad de los relatos, no tanto de las víctimas en sí. Es posible que tras muchas de las historias de mártires existan casos reales, pero lo que si resulta claro es que la narración ha sido adaptada para ser ejemplar. Lo hemos visto para el caso de Santa Águeda. De hecho, de creer las actas y los otros documentos apologéticos, puede parecer que el número de víctimas de las persecuciones fue mucho mayor de lo que en realidad fue. Se calcula que unas 4.000 víctimas perecieron durante las persecuciones, contra las decenas de miles que registra la Iglesia.

Otro punto a tener en cuenta es que estas persecuciones no fueron sólo contra cristianos. Mucho antes de que entraran en la historia, el decreto “De Bacchanalibus” condenaba a muchos fieles de Dionisos a la muerte. En 297, cuando el cristianismo era tolerado, los maniqueos fueron perseguidos implacablemente y condenados a la decapitación o la hoguera; y sólo un poco más tarde los donatistas sufrieron una suerte parecida. Por tanto, los cristianos no fueron ni mucho menos los únicos perseguidos. Lo eran aquellas religiones que resultaban molestas al poder imperial.

De creer el catecismo católico, hubo exactamente 10 persecuciones sangrientas: Nerón, Domiciano, Trajano, Marco Aurelio, Septimio Severo, Maximino, Decio, Valeriano, Aureliano y Diocleciano. Hemos visto que esto es totalmente inexacto. Las verdaderas persecuciones comenzaron con Septimio Severo y sólo en el caso de Diocleciano alcanzaron una cobertura global.

Tampoco debe creerse el mito de que los cristianos necesitaran ocultarse, representado con el icono de las catacumbas. La realidad es que se documentan compras de tierras por comunidades cristianas en el siglo II, y se conservan documentos con procesos de comunidades cristianas en los tribunales romanos. En el mismo siglo, Justino regentaba una escuela cristiana pública en el centro de Roma. Queda claro que esa necesidad de ocultarse, que esa persecución por parte del Estado es un hecho puntual usado como arma de propaganda que los cristianos explotaron y siguen explotando.

Resumiendo, el número de mitos respecto a las persecuciones cristianas es enorme, aunque es innegable que se trata de un hecho histórico y documentado. Ni hubo tantas persecuciones como puede parecer, ni las víctimas fueron tantas, ni se puede seguir creyendo en esa imagen tan idílica de una comunidad de cristianos que reza en las catacumbas por estar perseguido por el pérfido romano.

10. Bibliografía y links.

  • Historia antigua de Grecia y Roma, Coord. Joaquín Gómez Pantoja. Ed. Ariel
  • Actas de los mártires:
    • http://www.mercaba.org/Moline/las_actas_de_los_martires.htm
    • http://www.enciclopediacatolica.com/a/actamartir.htm
  • Persecuciones vistas por los cristianos:
    • http://www.seminarioabierto.com/iglesia06.htm
    • http://www.cmri.org/span-011-persecutions.html
  • Historia de la Iglesia, Joseph Lortz. Ed. Guadarrama, 1962
  • Auge y decadencia de Roma, Edward Gibbon. Ed. Turner, 1983
  • Senadoconsulto “De Bacchanalibus” (186 a.C): http://www.thelatinlibrary.com/scbaccanalibus.html
  • La guerra de los judíos, Flavio Josefo. Ed. Gredos, 1997
  • Anales, Publio Cornelio Tácito. Ed. Gredos, 1990

jueves, 6 de diciembre de 2007

Mitos y el templo de Jerusalén

[publicado originalmente en es.charla.religion]

Hay pocos lugares que estén mas rodeados de mitos que el Beit Hamikdash, el templo de Jerusalén. Desde su construcción, su destrucción por Nabucodonosor, su posterior reconstrucción y la destrucción final por Tito, ha sido objeto y representación del destino de un pueblo. El templo ha jugado numerosos papeles en la historia, incluso actualmente como un lugar mágico en el que se pueden encontrar tesoros, fuentes de juventud eternas, o puertas para comunicarse con un dios. Por si esto fuera poco, su reconstrucción ha sido convertida en un icono que debe anunciar la vuelta del mesías. Según el pensamiento mágico, si se consigue reconstruirlo se acelerará el ciclo del fin del mundo.

El mito parte desde su propio diseño. Según el mito, el plano del templo fue revelado por el propio Jehová en el monte Sinaí. El templo parte por tanto de un diseño divino, reproduce un esquema preexistente en un plano celestial. Este esquema lo podemos seguir en prácticamente todas las culturas antiguas: lo material toma esencia cuando reproduce lo celestial. El rey sumerio Gudea construyó el templo de Lagash según el modelo revelado de la morada celestial del dios, y el templo de Sihagiri en Ceilán reproduce el modelo de ciudad celestial. Poco importa que el primer templo fuera una construcción simple y burda acorde con su época, lo que importa es que reproduce un modelo extraterreno.

El templo, por demás, reproduce modelos que recuerdan o incluso señalan a otras culturas. Así como el templo de Marduk en Babilonia tapaba la puerta de Tiamat, el templo de Jerusalén (más exactamente, la roca) tapaba la
puerta de Tehom. Huelga recordar que Tehom es el equivalente hebreo de Tiamat. Esto ocurre con frecuencia en las antiguas culturas: el templo es un centro del mundo, un lugar de comunicación entre lo subterráneo, lo celestial y el mundo real.

La tercera reconstrucción no es más que una prolongación encubierta del mismo mito. Sólo cuando la morada del Dios esté preparada, éste podrá volver. No hemos cambiado tanto...

martes, 4 de diciembre de 2007

Tres casos de conversión en mito

[publicado originalmente en es.charla.religion]

En esta serie (espero que 4 mensajes) intentaré analizar con el permiso de los contertulios tres casos en que la historia se ha convertido en mito. Decía hace unos meses (y perdón por autocitarme) que "La cultura popular es muy reacia a la historia, en su lugar funciona creando y asimilando arquetipos. Se recuerdan 'categorías', no acontecimientos concretos. Se ha comprobado muchas veces que la memoria popular no retiene acontecimientos históricos más de dos o como mucho tres siglos. Los hechos recordados son modificados progresivamente hasta adquirir las características del mito. Así, se recuerda lo ejemplar, no lo individual".

Hay infinidad de casos documentados de este fenómeno, y aún aparecerán muchos más a medida que los investigadores avancen en su tarea. Cabe dudar de si las culturas sin escritura han retenido realmente algún hecho de su pasado, dado que cada vez que se ha estudiado un hecho tenido por histórico por estas culturas, siempre se ha comprobado su poca base real.

Cuando leemos la cosmogonía sumeria o la historia de la guerra de Roma contra Veyes, tendemos a considerar la primera una invención y la segunda como la narración de un hecho, como si los pueblos que las narraban dudaran de la primera y afirmaran la segunda. En realidad, tanto una como otra tienen las mismas posibilidades de ser mitos.

¿Por qué debemos dudar de ambas?

En primer lugar, hay que entender que para los pueblos míticos ambas narraciones se sitúan en el mismo plano, pues narran acontecimientos de un pasado remoto. Un pasado en que casi todo era posible. A ninguna se le da menor o mayor veracidad. El asesinato de Remo se contaba en las escuelas romanas como la verdadera historia de la fundación de Roma, no como un mito.

En segundo, aunque es cierto que la segunda narración (la guerra de Roma contra Veyes) tiene mayores probabilidades de estar fundada en un hecho real, la distancia temporal y la memoria global funciona crando arquetipos que deforman tanto lo sucedido que al final queda muy poco de histórico. Por contra, en la cosmogonía sumeria puede haber pervivido el rastro de un hecho real que finalmente adquirió las características del mito, como por ejemplo la gran inundación de 3000 a.C. narrada como el diluvio enviado por Enlil.

En tercer y último lugar, la memoria popular retiene con muchísima mayor facilidad una categoría que un hecho histórico. Los personajes se asimilan a héroes o villanos con unas características definidas; las situaciones se convierten en ejemplos paradigmáticos que pueden definirse siempre con una palabra: "destino", "fatalidad", "virtud" o "maldad". Es más, podría afirmarse que la memoria popular siente repugnancia por el devenir de la historia, como espero que se vea en los siguientes mensajes.

Primer caso.

Un poco antes de la segunda guerra mundial, en una región de Rumanía, se cantaba una balada que contaba la historia de un amor trágico: Un joven y hermoso prometido, en la víspera de su boda, salió a pasear por el bosque. En el paseo, se encuentra con un hada que se enamora al instante del joven y le pide matrimonio, pero éste se niega. El hada, cegada por los celos, le somete a un encantamiento y el joven cae por un barranco perdiendo la vida. Al día siguiente encuentran el cadáver y lo llevan al pueblo. Al verlo la novia, entona un canto fúnebre lleno de alusiones mitológicas.

Esta balada, junto con muchas otras variantes, fue recogida por el folclorista Constantin Brailoiu. Cuando quiso averiguar cuándo sucedió realmente, todos contestaron que había sucedido "hace mucho, mucho tiempo", que se trataba de una historia muy antigua transmitida durante generaciones de abuelos a nietos. Sin embargo, Brailoiu continuó la investigación hasta que al fin dio con los protagonistas de la historia.

El suceso real había sucedido tan sólo 40 años antes, y lo que era aún mejor, la novia protagonista aún vivía. Interrogada, relató lo que realmente había sucedido. La mujer contó que su novio, tiempo antes de la boda, había caído por descuido por un terraplén quedando malherido, y había sido recogido por unos montañeses que oyeron sus gritos. Fue trasladado al pueblo donde tardó días en morir. En el entierro, como era tradicional, tanto la novia como las demás plañideras habían repetido los cantos fúnebres acostumbrados.

Casi todos los habitantes del pueblo habían vivido los sucesos reales que generaron la historia del hada. Sin embargo, un hecho así no les satisfacía. En sólo 40 años habían transformado un suceso casi irrelevante (la muerte de un prometido por accidente) en una categoría mítica (un novio hechizado por un hada que muere trágicamente la víspera de su boda). No sólo se había creado una balada, sino que la muerte tenía un motivo mítico: los celos de un hada enamorada, el destino trágico.

El epílogo de esta historia es sorprendente y revelador. Brailoiu les contó a los del pueblo la verdadera historia contada por la novia, Los habitantes le contestaron que la pobre vieja, sumida en su dolor, había olvidado lo que realmente sucedió y había perdido el juicio. El mito se había convertido en la realidad puesto que satisfacía más a los que lo recordaban.

Segundo caso.

Los libros de historia, incluso los actuales, cuentan que Marco Furio Camilo fue un cónsul, dictador y militar romano que vivió entre finales del siglo V y mediados del IV. Para quien no esté familiarizado con sus hazañas, hago un breve resumen.

La república romana tenía apenas 50 años cuando nació Camilo. El primer Tarquino acababa de ser expulsado y Porsenna no le restauró en el trono tras la victoria contra Roma. Los primeros años fueron de crisis y conflicto constante bien con sus vecinos etruscos o bien con los celtas que inundaban el valle del Po. Camilo entra en la historia en la guerra de Roma contra Veyes, donde consigue ganar fulgurantemente una guerra que duraba ya diez años. Tras esta gran victoria, celebra un triunfo que es mal visto por sus compatriotas por presentarse con iconografía solar. En lugar de ofenderse, Camilo decide exiliarse. Poco después, Roma sufre la invasión gala de Brenno, que llega a la propia Roma derrotando a todos los ejércitos de la República. Camilo es elegido entonces dictador, reúne un ejército y consigue derrotar a los galos. A partir de ese momento, su vida la dedica a la República consiguiendo grandes victorias militares y ser nombrado segundo fundador de Roma. Su vida está llena de hechos piadosos como la salvación de unos niños de una ciudad enemiga que habían sido entregados por un pedagogo traidor, a lo que Camilo responde desnudando al traidor y dando varas a los niños para que lo azoten. Muere a una venerable edad, víctima de la peste.

Así lo cuentan la mayor parte de los libros de historia. Leyéndolo, parece una narración más de unos hechos remotos. Mejor dicho, lo parecería si no conociéramos algunos detalles de la religiosidad romana y de la vida de Camilo. Veamos sólo unos pocos (no me extenderé para no hacerlo demasiado largo):
  • Camilo dedica un templo a la diosa romana de la Aurora
  • Todas sus victorias tienen lugar al amanecer
  • En el rito romano de la diosa Aurora (Mater Matuta), una esclava entra en el templo de la diosa, y es expulsada golpeándola con varas; en el rito existe un tiempo de espera que va desde la puesta del sol hasta la medianoche, cuando ya se considera que el nuevo día ha nacido
  • en el mismo rito toman parte unos niños que son protegidos por las oficiantes, niños que una vez restablecido el orden son devueltos con sus padres
Hay más detalles, pero basten estos para ilustrar lo que quiero decir. Puede verse que existe una correspondencia exacta entre los ritos de la diosa Aurora y la vida de Camilo. Incluso su exilio representa el tiempo de espera entre la caída del sol y la medianoche, cuando el "sol" Camilo debe ser llamado para renacer y salvar al mundo con su luz. La historia de los niños traicionados es una copia casi literal de los ritos a la diosa. La esclava que se introduce en el templo es a la vez los galos invasores y el pedagogo traidor, que retiene a los niños liberados y devueltos a sus padres por el sol salvador.

Tenemos por tanto el caso de un mito considerado historia. Es posible que existiera en algún momento alguien llamado Camilo que participara de algún modo en la guerra de Veyes o en la resistencia romana contra los galos, pero lo que queda claro es que su vida no pudo ser como se relata en los libros. ¿Cuánto queda de histórico? Probablemente nada o muy poco. Sin embargo, si consultáis cualquier libro de historia de Roma, veréis algún capítulo dedicado a un personaje que en realidad no existió.

Tercer caso.

Para terminar la serie, en este tercer y último ejemplo hablaré de un caso más cercano: Napoleón.

El caso me parece interesante porque ilustra lo que quiero transmitir. Disponemos de abundantísima documentación acerca de la vida y hechos de Napoleón, salvo tal vez su infancia y primera juventud. Es más, podemos seguir mes a mes su vida a través de documentos oficiales de diversas fuentes. Sin embargo, a pesar de esa existencia histórica innegable, a pesar de disponer de una narración histórica detallada es una figura que poco a poco ha ido asimilando las características del mito. La enseñanza de esto es que para que la historia se convierta en mito no es necesario que exista una gran distancia temporal o pocas fuentes fidedignas. El discurso mítico transcurre en paralelo al histórico.

No creo que sea necesario recordar la historia de Napoleón, sus comienzos en el periodo revolucionario, el auge imperialista, su coronación, las guerras en Europa, su abdicación, el exilio en Elba, su efímera vuelta y el exilio final en Santa Elena. Creo que merece la pena destacar sin embargo (suele olvidarse) que Napoleón no sólo fue un gran militar sino que fue además un gran reformador y un gran hombre de estado a pesar de su megalomanía y carácter tiránico.

Antes incluso de su muerte, durante el exilio en Santa Elena, Napoleón ya se había convertido en el paradigma del héroe romántico. Su oscuro inicio, sus gestas entendidas como la victoria de la voluntad, pero sobre todo su soledad y martirio a pesar de su grandeza anterior le convirtieron en la imagen popular e incluso culta en un semidiós al que poco a poco se le fueron atribuyendo características sobrehumanas. Incluso en España, que había sufrido sus guerras, se podía leer sobre él: "nació de mujer y volvió a la tierra, he aquí lo único en que Napoleón se asemejó a los hombres".

Se dice que cuando Marie Shelley escribió su Frankenstein, quiso novelar la gesta de Napoleón. Es muy posible, la historia de uno y otro se parecen tanto que sorprende. El monstruo es la injusticia de la Revolución, en la que su creador quiere verter todas sus virtudes pero que genera un monstruo incontrolable y cruel. Sea o no acertado el paralelismo, su encumbramiento como héroe romántico es indudable.

Como decía al principio, esa conversión en mito se superpone a lo que conocemos del personaje, y poco a poco sustituye a la historia puesto que convierte a un hombre mortal y particular en una categoría heroica. Así, pocos años después de sufrir una invasión sangrienta, los españoles siguieron la agonía y muerte del antiguo emperador con pena y dolor como si quien estuviera muriendo fuera un personaje divino. La sangre y la guerra quedaba olvidada y comenzaba el tiempo del mito.