lunes, 30 de julio de 2007

La "construcción" de un arquetirpo

[publicado originalmente en es.charla.religion]

Jaime el Conquistador, rey de la corona de Aragón, cuenta que durante la conquista de Mallorca contra los moros, se les apareció San Jorge vestido de blanco, y montado en un caballo también blanco. Gracias a esta aparición, los sarracenos quedaron paralizados por el terror y fueron muertos en gran número, mientras no murió cristiano alguno.

Leyendo esto, puede parecer una de tantas leyendas medievales en las que un santo guerrero aparece para salvar a los suyos. Sin embargo, una historia así esconde mucho más.

La figura de San Jorge y la leyenda del dragón es muy antigua, pudiendo seguirse su rastro hasta el siglo V. Se trata de una historia arquetípica más: un guerrero protegido por los dioses vence a una criatura demoníaca salvando a una princesa, obteniendo una recompensa por ello y la conversión de los que lo presencian. Este modelo puede encontrarse en Perseo y en multitud de otras culturas (algunas tan remotas como la japonesa). En cambio, si acudimos a la historia, con cierta dificultad podemos identificarlo con un oficial romano del siglo IV convertido al cristianismo y muerto por Diocleciano en Nicomedia.

Pero, ¿por qué su identificación con un personaje mítico que mata al dragón? La cultura popular es muy reacia a la historia, en su lugar funciona creando y asimilando arquetipos. Se recuerdan "categorías", no acontecimientos concretos. Se ha comprobado muchas veces que la memoria popular no retiene acontecimientos históricos más de dos o como mucho tres siglos. Los hechos recordados son modificados progresivamente hasta adquirir las características del mito. Así, se recuerda lo ejemplar, no lo individual.

Uno de los casos más documentados de esta verdad es una leyenda rumana acerca de una novia cuyo novio había muerto hechizado por unas hadas que se enamoraron de él, tras lo cual la novia entona una balada fúnebre. Cuando un investigador, Brailoiu, investigó sus orígenes descubrió que el hecho real había sucedido 40 años atrás y que la novia aún vivía. La novia relató los hechos tal como sucedieron: el novio, unos días antes de la boda, había caído por accidente a un terraplén, fue recogido al escuchar sus gritos y murió horas más tarde. En este caso, bastaron 40 años para crear un mito.

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