[publicado originalmente en es.charla.religion]
El jardín del Edén no es sino una influencia mesopotámica, donde un paraíso similar se presenta como el jardín del principio de los tiempos, allí donde el hombre era feliz y puro.
Como todos los paraísos del resto de religiones, el Edén se encuentra en el centro del mundo, y contiene imágenes que son una copia casi exacta de tradiciones muy anteriores. Basta recordar los múltiples mitos con la diosa desnuda, el árbol milagroso y la serpiente guardián.
La única novedad del Génesis es la prohibición de tomar el fruto del árbol del bien y del mal; ya que mientras en otras religiones hay un héroe que consigue la inmortalidad robando el fruto del árbol, en el Génesis es justo al contrario. El autor, claramente, entendía el conocimiento como la perdición del hombre.
Por lo demás, la serpiente que provoca la perdición del hombre es otra inmortalización frustrada a imagen y semejanza de Gilgamesh, mito en el que también es una serpiente la que impide al hombre ser inmortal. La imagen es idéntica a otros mitos: si Adán no hubiera tomado el fruto del árbol de bien y del mal, habría podido comer del árbol de la vida ("Si el hombre es ya como uno de nosotros (...) sólo le falta echar mano al árbol de la vida, comer y vivir para siempre" (3:22).
Estos dos capítulos del Génesis tampoco están exentos de contradicciones, aunque creo que presentan también problemas de otra índole.
En 2:9 vemos como Yahvé planta dos árboles: el de la vida y el de la ciencia del bien y el mal. Visto desde una óptica mítica (o pagana, si se quiere) tiene todo el sentido, se trata de dos imágenes recurrentes en toda la historia de las religiones. El árbol existe para que el héroe consiga la vida eterna o el conocimiento. El problema surge cuando se lee desde una óptica cristiana.
Yahvé crea dos árboles, de los cuales estaba prohibido comer, uno de ellos es el árbol de bien y el mal. Esto nos lleva a que o bien Yahvé no sabía qué iba a suceder o simplemente lo quería así. De otro modo, Yahvé perdería todos los atributos que el cristiano le da. Por otra parte, Yahvé crea el mal, puesto que crea el árbol que lo genera. Un cristiano sólo puede contestar que Yahvé sabía lo que iba a suceder al plantar un árbol generador de mal, por tanto así lo quería.
Si se relee el Génesis pensando en la imagen que un "pagano" puede tener de un dios, casi todo empieza a cobrar sentido. Un dios antropomorfo que pasea por el jardín y que no lo ve todo puede hacer la pregunta a Adán: "¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?". Un dios que no pudiera prever lo que sucedería podría plantar los dos árboles confiando en sus criaturas.
El jardín del Edén no es sino una influencia mesopotámica, donde un paraíso similar se presenta como el jardín del principio de los tiempos, allí donde el hombre era feliz y puro.
Como todos los paraísos del resto de religiones, el Edén se encuentra en el centro del mundo, y contiene imágenes que son una copia casi exacta de tradiciones muy anteriores. Basta recordar los múltiples mitos con la diosa desnuda, el árbol milagroso y la serpiente guardián.
La única novedad del Génesis es la prohibición de tomar el fruto del árbol del bien y del mal; ya que mientras en otras religiones hay un héroe que consigue la inmortalidad robando el fruto del árbol, en el Génesis es justo al contrario. El autor, claramente, entendía el conocimiento como la perdición del hombre.
Por lo demás, la serpiente que provoca la perdición del hombre es otra inmortalización frustrada a imagen y semejanza de Gilgamesh, mito en el que también es una serpiente la que impide al hombre ser inmortal. La imagen es idéntica a otros mitos: si Adán no hubiera tomado el fruto del árbol de bien y del mal, habría podido comer del árbol de la vida ("Si el hombre es ya como uno de nosotros (...) sólo le falta echar mano al árbol de la vida, comer y vivir para siempre" (3:22).
Estos dos capítulos del Génesis tampoco están exentos de contradicciones, aunque creo que presentan también problemas de otra índole.
En 2:9 vemos como Yahvé planta dos árboles: el de la vida y el de la ciencia del bien y el mal. Visto desde una óptica mítica (o pagana, si se quiere) tiene todo el sentido, se trata de dos imágenes recurrentes en toda la historia de las religiones. El árbol existe para que el héroe consiga la vida eterna o el conocimiento. El problema surge cuando se lee desde una óptica cristiana.
Yahvé crea dos árboles, de los cuales estaba prohibido comer, uno de ellos es el árbol de bien y el mal. Esto nos lleva a que o bien Yahvé no sabía qué iba a suceder o simplemente lo quería así. De otro modo, Yahvé perdería todos los atributos que el cristiano le da. Por otra parte, Yahvé crea el mal, puesto que crea el árbol que lo genera. Un cristiano sólo puede contestar que Yahvé sabía lo que iba a suceder al plantar un árbol generador de mal, por tanto así lo quería.
Si se relee el Génesis pensando en la imagen que un "pagano" puede tener de un dios, casi todo empieza a cobrar sentido. Un dios antropomorfo que pasea por el jardín y que no lo ve todo puede hacer la pregunta a Adán: "¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?". Un dios que no pudiera prever lo que sucedería podría plantar los dos árboles confiando en sus criaturas.